Blog de Acantilados

Marzo

Marzo nos trajo las tan ansiadas lluvias acompañadas de trazas de otoño. 

Lluvias tempestuosas y desafiantes. 

Lluvias a raudales.

Lluvias resentidas contra el asentamiento de estaciones marchitas. 

Lluvias que han descargado toda su rabia contenida ante tan estéril panorama. 

Lluvias marcianas, que haciendo honor al dios romano del que procede su nombre, se han precipitado con todas sus fuerzas contra la instalada sequía.

Lluvias tan esperadas y bienvenidas; y a la vez, tan imploradas desde todos los ámbitos.

Lluvias que han llenado de verdor los Acantilados. 

Lluvias que inundarán de vida cada rincón. 

Lluvias que han recuperado por la fuerza, todos aquellos terrenos por los que suele discurrir en su paseo hacia el mar, y que continuamente les son usurpados. 

Lluvias destructivas, que llenan de cordura los continuos desenfrenos de la avaricia especuladora.

Lluvias que han cambiado el semblante de los agricultores: pequeños agricultores y codiciosos agricultores que suplicaban por sus enormes extensiones de tropicales.

Lluvias que nos asegurarán una temporada más ese líquido tan preciado y necesario para nuestra supervivencia, y que tan mal gestionamos.

Lluvias que aparcarán hasta el próximo septiembre, cuando se hayan ido los millones de visitantes que han llenado los bolsillos de unos pocos, el “pliego” de restricciones y de las medidas del buen aprovechamiento del agua.

Lluvias selectivas que controlan y ponen coto a la masiva afluencia a estos Acantilados.

Lluvias, al fin y al cabo, que nos han hastiado a los pocos días, y que nos hacen suspirar con todas nuestras ganas, por una nueva temporada de buen tiempo.

¡Es la condición humana!

Y, aunque los sueños se nos rompan en pedazos: lloverá para todos.


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